jueves, 23 de febrero de 2012

Claudia Sobrero

 

CLAUDIA SOBRERO PASO LA MITAD DE SU VIDA EN LA CARCEL 

Tras pasar 21 años presa, quedó libre la asesina de Lino Palacio






En 1984 entró con dos cómplices a robar a la casa del dibujante. Los descubrieron y lo mataron junto a su esposa. Fue la única mujer condenada a la máxima pena contemplada en el Código Penal.





Rolando Barbano. 
rbarbano@clarin.com




No hubo jamás un caso igual, y es difícil que la historia se repita alguna vez. Ni antes ni después hubo otra mujer condenada a reclusión por tiempo indeterminado, el castigo más grave que prevé el Código Penal Argentino. A ella se lo dictaron en 1990, la encerraron en Ezeiza y al final terminó sumando 21 años presa. Entre rejas trabajó, estudió y sobre todo, luchó. Ahora su pelea dio un resultado: Claudia Alejandra Sobrero, la joven que mató al dibujante Lino Palacio y a su esposa, acaba de salir en libertad.

La batalla judicial de Sobrero fue larga y difícil. La detuvieron cuandotenía 21 años, en 1984, y estaba perdida en todo tipo de adicciones. Ya era madre de dos nenas de distinto padre y andaba sin rumbo, en pareja con Jorge Palacio Zorrilla. El joven era nieto del dibujante y fue, sin quererlo, quien facilitó el doble crimen por el que la condenaron.

Sobre la medianoche del 14 de setiembre de 1984, Sobrero entró con dos amigos al departamento de Lino Palacio, en pleno Barrio Norte (ver El crimen...). La joven le había robado las llaves del edificio a su pareja y creía que no había nadie en casa, que podrían saquear a gusto. Pero el error se les reveló pronto y terminaron matando al dibujante y su esposa, ambos de 81 años.

A los tres los detuvieron en cuestión de días. El juicio, y las condenas, llegaron en 1990. Coautora de homicidio doblemente agravado, hurto y robo, a Sobrero la sentenciaron a reclusión perpetua con pena accesoria de reclusión por tiempo indeterminado. Algo que ninguna otra mujer sufrió y que entre los hombres sólo tiene equivalentes en, por ejemplo, el múltiple asesino Carlos Robledo Puch. 

Sobrero fue enviada a la Unidad 3 de Ezeiza. Tuvo una breve fuga en 1986 pero la atraparon. Luego inició su recuperación, que llevó a la Procuración Penitenciaria a considerarla "un caso emblemático de resocialización".

Presa, Sobrero empezó y terminó la secundaria. Se puso a estudiar Sociología, tras ayudar a crear la carrera dentro de la cárcel. Participó en cursos, seminarios y talleres. Además, expuso en jornadas y congresos de sociología y escribió para revistas.

Sobrero también se dedicó al arte. Ayudó a crear el taller de serigrafía en el penal y su obra, expuesta en galerías de arte, fue destacada por la crítica. Su producción, y la de otras compañeras, fue comprada por Amalita Fortabat y Pérez Celis.

A partir de 1995, logró que el Servicio Penitenciario calificara su conducta como "10" y pronto desde el penal de Ezeiza empezaron a pedir su indulto o una conmutación de pena, según el Ministerio de Justicia.

En 2003 le concedieron salidas transitorias —ocho horas diarias, tres veces por semana—, para visitar a una hija y a dos nietas. Pero un año y medio después Casación le revocó el beneficio por la gravedad de su condena.

"Ya tengo casi 42 años y pasé la mitad de mi vida en esta unidad sin caer en el juego de un sistema que socava día a día la dignidad de quienes lo transitan", le escribió entonces al presidente Néstor Kirchner. "Siento como si en medio del desierto me hubieran dado agua y luego me sacaran la cantimplora, dejándome sólo con el recuerdo del vaso".

Sobrero inició una huelga de hambre para que le retiraran la accesoria de "tiempo indeterminado", que suele aplicarse a reincidentes o presos "peligrosos".

Con informes favorables del Servicio Penitenciario y de psicólogos, más la opinión de dos jueces de Ejecución Penal, Sobrero logró que no se considerara la accesoria.

Pero había un problema más. Para acceder a la condicional, necesitaba tener al menos 25 años en prisión. Ella tenía 21, pero varios de ellos atravesados sin condena firme. Pidió que se los contaran doble, en base a la ley del 2x1, pero se topó con el artículo 24 del Código Penal, que establece que a los condenados a reclusión, se les compute al revés: un día por cada dos en la cárcel.

La salvación para Sobrero llegó por el lado menos pensado. El año pasado, en otro expediente, la Corte Suprema declaró inconstitucional el artículo 24. En base a esto el 3 de enero le concedieron la libertad condicional.

"Vivía drogada, descontrolada. Decidí cambiar de vida, ayudarme, mejorar, y lo logré. Ya pagué por lo que hice", dijo a Clarín en 2004, aún presa. Ahora, mientras busca trabajo, tiene la posibilidad de cumplir su sueño: recibirse de socióloga en libertad.

jueves, 9 de febrero de 2012

La invención de Hugo Cabret

CINE › LA INVENCION DE HUGO CABRET, PRIMERA PELICULA DE MARTIN SCORSESE EN 3 D

Una emotiva declaración de amor al cine

Máxima aspirante al Oscar, con once nominaciones, entre ellas a la mejor película y director, La invención... rinde homenaje a Georges Méliès, el célebre “mago de Montreuil”. Que es un modo de rescatar los comienzos del séptimo arte.
 Por Luciano Monteagudo
Hay una sustancia genuinamente emotiva en La invención de Hugo Cabret –máxima aspirante al Oscar, con once nominaciones, entre ellas a la mejor película y director– y es la desembozada declaración de amor al cine que ofrece Martin Scorsese en su primera película en 3 D. Cinéfilo perdido casi desde niño, coleccionista compulsivo (tiene su propia filmoteca con copias 35mm de grandes clásicos) y activo promotor de políticas de recuperación del patrimonio fílmico universal, desde su World Cinema Foundation, el director de Taxi Driver siempre pareció vivir por y para el cine. Pero en esta adaptación de una novela gráfica de Brian Selznick va más allá de la erudición cinéfila que siempre fue notoria en su obra para proponer, sin rodeos, con una inocencia casi infantil, un homenaje a los comienzos del cine, al deslumbramiento de las primeras imágenes en movimiento y a uno de sus grandes demiurgos, Georges Méliès, el célebre “mago de Montreuil”.
La excusa es una aventura fantástica, con ecos dickensianos. A fines de los años ’20 del siglo pasado, Hugo, un chico de unos diez años, huérfano de padre y madre, vive clandestinamente en las alturas de la inmensa estación de ferrocarril de Montparnasse, en París. Su tío –relojero de la estación y borracho perdido– lo ha abandonado a su suerte, pero Hugo (interpretado con energía y sensibilidad por Asa Butterfield) ha mantenido, secretamente, todos los relojes de la estación en marcha, gracias a los conocimientos mecánicos que heredó de su padre. Y no es su única herencia: técnico restaurador de un museo de la ciudad, fallecido en un incendio, el padre (Jude Law) le legó una suerte de robot mecánico, con un complejo y sofisticado mecanismo de relojería que no termina de funcionar, porque le faltan algunas piezas, entre ellas la principal, la llave que lo ponga en marcha.
Allí hace su aparición un viejo amargo, solitario y gruñón, dueño de una pequeña juguetería de un rincón de la estación. Experto en engranajes, mecanismos y trucos, ese anciano resentido parece tener alguna relación con el extraño “automaton” que Hugo guarda celosamente en su altillo. Su nieta Isabelle (Chloë Grace Moretz), otra huérfana, será quien intente ayudar a Hugo a develar el misterio, en medio de ese mundo dentro del mundo que es la gran estación, plena de todo tipo de historias y personajes, entre ellos un siniestro vigilante a cargo de la seguridad del lugar (Sacha Baron Cohen), que persigue a los niños huérfanos como luego, unos años más tarde, la policía de Vichy perseguiría a los judíos. Una pierna mecánica, consecuencia de su paso por la guerra, produce a su vez el contraste entre ese hombre de carne y hueso sin corazón y el robot de Hugo, que parece esconder un alma.
Por momentos deliberadamente naïf y en otros lúgubre a la manera de Oliver Twist, la nueva película de Scorsese es quizá la más difícil de asociar con su obra previa, con la que a priori parece tener poco que ver, por ese carácter de film para toda la familia que nunca fue precisamente una especialidad del director de películas tan oscuras como Toro salvaje o La isla siniestra, por citar apenas dos ejemplos muy disímiles. Pero se diría que la personalidad de Scorsese, su pasión incluso, se manifiesta plenamente cuando el film descubre la identidad de ese anciano desencantado de la vida, que no es otro que Géorges Méliès (Ben Kingsley, tan parecido al original como en su momento lo fue a Gandhi), el primer ilusionista del cine, inventor de fábulas, trucos y ensoñaciones.
Con el mismo espíritu con el que Méliès encaró el nuevo medio, Scorsese aprovecha ahora las posibilidades que le ofrece no sólo el cine digital, sino también la tridimensionalidad para crear su propia fábula, basada en hechos estrictamente reales en lo que a Méliès concierne, que fue olvidado, que vio destruida casi la totalidad de su obra cuando no había conciencia de su arte y que luego alcanzó a ser reconocido y homenajeado poco antes de su muerte, en un happy end que Scorsese se encarga de subrayar, a la manera de un cuento de Navidad, en el que después de las penurias llega la recompensa, como en las tragedias optimistas de Frank Capra.
Es evidente el gusto con el que Scorsese recrea la agitación que rodeaba a la factoría Méliès y toda su ebullición creativa. También la exaltación que le infunde al descubrimiento del cine por parte de Hugo e Isabelle, cuando se quedan boquiabiertos frente a las acrobacias de Harold Lloyd colgado de un reloj (una pirueta que el chico tendrá en cuenta cuando deba escapar de su perseguidor) o de Buster Keaton subido a una locomotora. La máquina de citas es imparable y van desde la evocación del genial guitarrista gitano Django Reinhardt tocando en un bar de la estación a un conductor de locomotora que remeda a Jean Gabin en La bestia humana (1938, Jean Renoir). Tampoco parece una casualidad que aparezca el histórico Christopher Lee, icono de la Hammer Films, como un adusto librero, que inicia a Isabelle en esa pasión que corre paralela a la del cine y es la de la lectura.
Film de homenajes, de celebraciones, de epifanías, La invención de Hugo Cabret no será uno de los mejores films de Martin Scorsese, pero sin duda es uno de sus más sencillos y emotivos, como si –al borde de los 70 años– lo hubiera concebido como un legado para su hija de doce, su “consultora técnica” según la entrevista que publicó ayer Página/12 pero, sobre todo, la destinataria –y con ella todos los niños– de esta suerte de catecismo cinéfilo.
8-LA INVENCION DE HUGO CABRET
Dirección: Martin Scorsese.
Guión: John Logan, basado en la novela de Brian Selznick.
Fotografía: Robert Richardson.
Música: Howard Shore.
Edición: Thelma Schoonmaker.
Diseño de producción: Dante Ferreti.
Intérpretes: Asa Butterfield, Chloë Grace Moretz, Sacha Baron Cohen, Ben Kingsley, Emily Mortimer, Christopher Lee, Jude Law, Ray Winstone. Hugo, Estados Unidos, 2011.

Moyano- Scioli

EL PAIS › EL GOBERNADOR SE REUNIO CON EL LIDER DE LA CGT, QUE CONFIRMO SU SALIDA DEL PJ

Moyano le ratificó su renuncia a Scioli

Sin aviso previo, el encuentro se realizó en la sede porteña del Banco Provincia. “Ni el gobernador intentó convencer a Moyano ni éste le brindó explicaciones”, confiaron desde el entorno de Scioli. La ministra Alvarez Rodríguez quedó a cargo del PJ bonaerense.
El líder de la CGT, Hugo Moyano, se reunió ayer con el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, y le ratificó su renuncia a la vicepresidencia segunda del PJ nacional y a la presidencia interina del PJ provincial. El secretario general del Sindicato de Judiciales, Julio Piumato, fue el encargado de anunciar que, sin aviso previo, se había realizado el encuentro: “¡Hugo Moyano, luego de una reunión de dos horas con Scioli, ratificó su renuncia!”, escribió desde su cuenta de Twitter. Más tarde, el jefe de Gabinete bonaerense, Alberto Pérez, confirmó la reunión y la renuncia de Moyano.
Con la ratificación, se terminaron de disipar las dudas sobre la renuncia de Moyano, ya que si bien el dirigente sindical había anunciado esa decisión el 15 de diciembre, en el acto que protagonizó en Huracán por el Día del Camionero, su renuncia aún no había sido formalizada. Además, Scioli le había pedido que la reviera hace dos semanas, cuando pautaron la reunión, que finalmente se concretó ayer.
El encuentro transcurrió en las oficinas porteñas del Banco Provincia, en el 9º piso, y Scioli y Moyano estuvieron acompañados por Pérez, el diputado cegetista Omar Plaini y la ministra de Gobierno bonaerense, Cristina Alvarez Rodríguez. Según fuentes gremiales, junto a Moyano renunciaría a la estructura partidaria el resto de los integrantes sindicales que responden al líder de la CGT.
Desde el entorno de Scioli comentaron que en el encuentro, que sólo duró “una hora”, Moyano formalizó sus renuncias y que “se hizo el acto administrativo de traspaso del PJ provincial de Moyano a la ministra Alvarez Rodríguez”, quien se encontraba detrás del camionero en la línea sucesoria. Luego, Plaini describió la situación contable del partido y entregó documentación a la nueva titular del peronismo bonaerense. Según las mismas fuentes, “ni el gobernador intentó convencer a Moyano ni éste le brindó explicaciones, ya que el mandatario entendió que era una decisión tomada”.
Días atrás, Moyano había dicho que se reuniría con Scioli cuando éste volviera de Francia, donde estuvo unos días por razones médicas. Aunque antes había dejado saber que sostendría su renuncia, en ese momento no fue concluyente: “Lo voy a conversar con él, no queda bien que yo lo diga sin haberlo conversado como le prometí. Si me llama nos encontraremos y, si no, seguiré con mi camino. No sé si lo dejan juntarse conmigo”, dijo en aquel entonces.
Ayer por la mañana, Pérez anticipó la reunión, pero no precisó que se produciría durante el día. “Quedaron en verse para concluir un tema. Creemos que hay una decisión tomada por parte de Moyano, pero no importa. Sería importante que el máximo representante del movimiento obrero organizado, que es Hugo Moyano, siguiese en el PJ, más este año, que necesitamos estar más unidos que nunca”, afirmó. Scioli había llamado al camionero por teléfono el pasado lunes 23: “El gobernador considera, con todo respeto, que el compañero Hugo Moyano debe rever su posición. Deben primar los criterios de unidad”, resumió Pérez el pedido de Scioli.
El encuentro entre el gobernador y el líder de la CGT se concretó justo después de que se aliviara la tensión en la relación de Moyano con el gobierno nacional. El distanciamiento del sindicalista se había pronunciado desde los últimos meses del año pasado, a partir de una serie de reclamos sostenidos por la central obrera, como la suba del mínimo no imponible para Ganancias o el proyecto de participación de los trabajadores en los dividendos de las empresas, también por la confección de las listas de candidatos para las elecciones. Tras esas diferencias, esta semana Moyano fue invitado por la Presidenta a la Casa Rosada, para presenciar el acto donde CFK realizó anuncios sobre la cuestión Malvinas, y allí se vio al líder de la CGT sentado en primera fila.