lunes, 21 de septiembre de 2009

Una noche a las diez de la mañana.

Cuatro de la madrugada.





He aquí mi casa:
mis cuadros, mis papeles,
mis macetas: el espacio
salvado de la selva.

Harta ya de esperarme,
Lucía duerme
con la luz encendida
y la cabeza hundida
en la almohada.

Yo soy esa sombra
que abre la puerta sigilosamente,
se quita los zapatos y la ropa
y se desliza dentro de la cama.