lunes, 19 de octubre de 2009

LUIS EDUARDO AUTE

Prólogo: Lástima luis (o Mira que eres canalla 2ª parte)
(Luis Eduardo Aute)

Agárrate que hay ruina,
pues nada, que la cosa está fatal.
El Tony está en la U.V.I.
parece que está a punto de palmar.
Así como lo oyes,
te juro Por Pastora que es verdad.
Anoche estuvo a un paso
de que le diera el pasmo
mareándose un "breakdance" en el Pachá.
Estaba ya muy chunga,
la taquicardia, el miedo, Ridley Scott,
y encima va el imbécil
a echar el resto con una menor
que está, además, no veas,
como en sus años mozos la Bardot...
y pasa lo que pasa
que el alma pide marcha
y el palo no lo aguanta el corazón.

Lástima, Luis, porque esta noche
no estará el Tony con todo la peña en casa de Eduardo
para escuchar su disco doble
"20 canciones de amor y un Poema desesperado,
desesperado, desesperado"


Faltaba ver al Tony
con un equipo médico habitual,
como aquel hombre, tronco,
con tubos por delante y por detrás.
las vueltas que da el mundo,
ay, si resucitara Carlos Marx
y viera a los que cambian
las masas por las nalgas
según los malos rollos de la edad.
Iremos ahora a verle,
me esperan Charo, Edmundo y el Gasset
que han vuelto de Segovia
de verle una benéfica al Chanel.
las veces que le dije:
cuidado Tony con esa mujer...
pero él ni puto caso
y va por ahí matando
tirándose a morir al volapié.








Epílogo: Un poema desesperado
(Luis Eduardo Aute)

La mañana,
negra aún con las estrellas de la noche,
vomita el frío de un Enero que golpea
corazones y cólicos.
Ella,
apenas un latido bajo el edredón
intenta dormir, consumida,
por encima de la Noche.
Yo,
¡mierda!
no encuentro el Nolotil
y no amanece.



Las cuatro y diez(Luis Eduardo Aute)

Fue en ese cine, ¿te acuerdas?,
en una mañana al este de Edén,
James Dean tiraba piedras
a una casa blanca, entonces te besé.
Aquélla fue la primera vez,
tus labios parecían de papel,
y a la salida en la puerta
nos pidió un triste inspector nuestros carnets.
Luego volví a la academia
para no faltar a clase de francés,
tú me esperaste hora y media
en esta misma mesa, yo me retrasé.

¿Quieres helado de fresa
o prefieres que te pida ya el café?.
Cuéntame como te encuentras,
aunque sé que me responderás: muy bien.
Ten, esta foto es muy fea,
el más pequeño acababa de nacer.
Oiga, me trae la cuenta,
calla, que fui yo quien te invitó a comer.
No te demores, no sea
que no llegues a la hora al almacén;
llámame el día que puedas,
date prisa que ya son las cuatro y diez.





Dos o tres segundos de ternura
(Luis Eduardo Aute)

Estoy pasando un bache,
un revés, un agujero,
un no sé qué me ocurre
que ni yo mismo me entiendo...
No me apetece nada,
nada más que estar adentro,
pero no de tu vientre
sino de tus sentimientos.
Quisiera que supieras
que no tengo otro deseo
que estar entre tus brazos
como quien pide consuelo,
sentirte toda mía,
sin lujurias ni misterios,
como siento la sangre
que circula por mi cuerpo.

No me hace falta la luna
ni tan siquiera la espuma,
me bastan solamente dos
o tres segundos de ternura.

A veces me pregunto
si no me causa respeto
el paso de los años
desgastando nuestros besos
así como el derroche
de algo más que mucho tiempo
sin vernos un instante
más allá de los espejos.
Por eso necesito,
aunque sé que es un exceso,
que tus ojos me digan
algo así como: de acuerdo,
estoy aquí a tu lado
para que no tengas miedo
al miedo de estar solos,
solos en el universo.






No te desnudes todavía

(Luis Eduardo Aute)

No te desnudes todavía,
espera un poco más
no tengas prisa, el tiempo
es algo que quedó detrás.
la eternidad es un latido,
un solo corazón,
el tuyo, el mío, abrazados,
en perfecta comunión.
Cuando el deseo estalle
como rompe una flor
te quitaré el vestido,
te cubriré de amor
y en la espera, te pediría
no te desnudes todavía,
no te desnudes, todavía no.
No quiero aún que me descubras
toda la verdad,
que la verdad no es lo evidente
sino su mitad.
quiero mirarte con los ojos
del amanecer,
como la noche mira el día
que tarda en nacer.
Cuando el deseo estalle.





Una de dos
(Luis Eduardo Aute)

No sabes el dilema que me crea
pasar de todo y no decir ni mu,
por eso estoy aquí, maldita sea,
plantando cara como harías tú.

Lo que sucede es que me he enamorado,
como el perfecto estúpido que soy,
de la mujer que tienes a tu lado...
encájame el directo que te doy.

Una de dos,
o me llevo a esa mujer
o entre los tres nos organizamos,
si puede ser.

No creas que te estoy hablando en broma
aunque es encantador verte reír
porque estas cosas hay quien se las toma
a navajazos o como un faquir.

Que aquí no hay ni Desdémonas ni Otelos
ni dramas mexicanos de Buñuel,
recuerda que ese rollo de los celos
llevó a Caín a aquello con Abel.

De qué me sirve andarme con rodeos,
a ti no puedo hacerte luz de gas,
esas maneras son para los feos
de espíritu y algunas cosas más.

Que esa mujer me quiera no es tan raro
si piensas que a ti te quiere también,
lo más terrible es que lo ve muy claro,
pretende no perderse ningún tren.

Una de dos,
o me llevo a esa mujer
o te la cambio por dos de quince,
si puede ser.





Ay de ti, ay de mí(Luis Eduardo Aute)

Y yo que estaba de vuelta
de todas las idas
con el alma herida
te quiero, ya ves.

Seré lo que tú prefieras
tu luz o tu sombra
o acaso una alfombra
besando tus pies.

Ay de ti, ay de mí,
ni tú ni yo somos culpables:
infelices locos que caímos en este amor
que es un error
imperdonable,
ay de ti, ay de mí.

Y tú que siempre decías
ser inteligente
no como esa gente
que muere de amor.

Así sabrás que la rosa
es rosa por bella
y no porque en ella
respire una flor.

Ay de ti, ay de mí.
La vida es la consentida,
feroz dictadura
de una criatura
que juega a mandar.
Ni tú ni yo somos nadie,
ni hacemos historia
pues somos la escoria
que aun puede quemar.




El universo
(Luis Eduardo Aute)

La noche era una llama,
la luna estaba tierna.
Agosto era un suspiro
de cálidas estrellas.

El mar se deshacía
mojando tus caderas,
la arena entre tus labios
jugaba con mi lengua.

Y empapados de agua y luna,
enlazados cuerpo a cuerpo,
recorrimos las espumas
hasta el fin del Universo
donde nace el Universo
cuando estalla el Universo...
El Universo.

Tu piel eran chispazos
de mil aguamarinas,
tus pechos me miraban
como ávidas pupilas.

Tus muslos extendidos
tenían cierta prisa,
tu pubis era un beso
fundido en mi saliva.

Sentí que me sentías
meciéndote por dentro,
las olas eran ritmos
del mismo movimiento.

Disuelto en tus entrañas
de líquidos secretos
desentrañaba el Nudo
de Dios y su Misterio.



Dentro

(Luis Eduardo Aute)

A veces recuerdo tu imagen
desnuda en la noche vacía,
tu cuerpo sin peso se abre
y abrazo mi propia mentira.

Así me reanuda la sangre
tensando la canción dormida,
mis dedos aprietan, amantes,
un hondo compás de caricias.

Dentro
me quemo por ti,
me vierto sin ti
y nace un muerto.

Mi mano ahuyentó soledades
tomando tu forma precisa,
la piel que te hice en el aire
recibe un temblor de semilla.

Un quieto cansancio me esparce,
tu imagen se borra enseguida,
me llena una ausencia de hambre
y un dulce calor de saliva.

Dentro
me quemo por ti,
me vierto sin ti
y nace un muerto.





Hembra mía

(Luis Eduardo Aute)

Cuando te pienso desnuda,
en tu animal insolencia,
hembra mía,
hembra mía,
tu carne de tibia cera
me flagela con espinas,
hembra mía.

Cuando te pienso desnuda,
tan plácidamente ajena,
hembra mía,
hembra mía,
cómo explicarte la lenta
soledad de mi agonía,
hembra mía.

Cuando te pienso desnuda,
ahora que ya no me esperas,
hembra mía,
hembra mía,
duelen tanto los planetas
de esa noche que respiras,
hembra mía.

Cuando te pienso desnuda
en otro abrazo, perversa,
hembra mía,
hembra mía,
qué sabrán las sordas piedras
que se ríen y me miran,
hembra mía.




Tarde, muy tarde
(Luis Eduardo Aute)

Tarde, muy tarde
me preguntas si te miento,
cuando sé que sabes bien
que ni yo mismo lo sé.
Tarde, muy tarde,
no me digas que aún es tiempo,
algo más que nuestra piel
ha empezado a envejecer.
Te amé tanto
que me da vergüenza
recordarlo...
déjalo estar,
deja que es tarde.
Tarde, muy tarde.
sólo nos guía el cansancio
y ese miedo de perder
lo que ha sido y ya no es.
Tarde, muy tarde,
tarde para remediarlo,
ese tren ya se nos fue,
nunca volverá otra vez
Te amé tanto...
que me da vergüenza
recordarlo...
déjalo estar,
deja que es tarde.
Tarde, tan tarde.




Lentamente
(Luis Eduardo Aute)

Mécete lentamente
para que las olas no se despierten,
no digas nada,
ni una palabra.
piensa que el mar te arrastra
y que voy montado en tu barca.

Mécete lentamente
y un batir de plumas será tu vientre,
tiende tus alas
a lo que pasa.
Vuela, encendida ave,
yo seré tu viento en el aire.

Mécete lentamente,
ata los segundos y no los sueltes,
fin y principio
suman lo mismo.
Haz de este instante un siempre,
un preludio eterno a la muerte.

Mécete barca mía,
mécete ave mía,
mécete tiempo mío,
lentamente, lentamente...


Cuando duermes
(Luis Eduardo Aute)

Cuando duermes,
poco tiempo después de la espuma,
junto a mi corazón, abrazada,
ausente como el sonido
de nuestras mudas palabras.
es el tuyo tal vez, o es el mío,
este claro latido que habla,
cuando duermes.

Cuando duermes,
lejos ya del ingrávido origen,
con mi brazo cosido a tu espalda,
no tengo por qué mirarte,
los ojos no me hacen falta.
tú me ves con tu vientre cumplido,
yo te veo a través de esta calma,
cuando duermes.

Cuando duermes,
no es tu cuerpo desnudo el que estrecho
ni el calor del reposo que manas,
sujeto los horizontes
del sueño que te traspasa
y agarrado a ese sueño sumiso,
me despierto y no hay nadie en mi cama,
cuando duermes.