viernes, 12 de febrero de 2010

TFC

Qué gran arador serías
si fueses tan laborioso
trajinando en los aperos
como terco y mentiroso
cabestro de los alberos
te muestras todos los días!

¡Qué grande hacienda no harías
si dominases la azada
sobre el terrón polvoriento
igual que blandes la espada
con tanto empecinamiento
contra errores y herejías!

Serías nuevo mesías
gobernando tú los bueyes
por el piélago de barro,
llenando de mies el carro
sin tasa de rey o leyes
ni oprobiosas plusvalías.

De elixires y ambrosías
se colmarían las arcas
tras el tesón de tu brazo,
por la fe con la que marcas
un surco de recto trazo
en arenas labrantías.

¿Por qué demonios porfías
en teoremas absurdos
y en tan peregrinas tesis
con argumentos tan burdos
y tan vulgar catequesis
de rancias avemarías?

¿No percibes que chirrías
con esa lucha de clases
que esgrimes por cantinela?
Es menester ya que engrases
ese credo de tu escuela,
esas vanas aporías.

Falsas son las utopías
cuando niegan el axioma
del natural albedrío.
No me pidas, pues, ni en broma
que me desprenda del mío
para aventuras baldías.

Hablemos de oligarquías,
si lo quieres o deseas,
y de intereses culpables
que se disfrazan de ideas.
¿Hablamos de responsables?
Abramos todas las vías,

hablemos de esas jaurías
de rateros de moqueta
que cobran su porcentaje
cuando cambian de chaqueta
o les regalan un traje.
Hablemos de canonjías,

de corruptas señorías
puñeteramente tocadas;
hablemos también de bancos,
de usuras hipotecadas,
de botines y polancos
sangrando por las encías...

Hablar sin hipocresías.
Señalar a la cabeza,
apuntar a los ladrones,
armarse de la entereza
que dan las revoluciones
contra las oligarquías.

¡Abajo las regalías,
las "sacadas" ilegales,
el vicio que los corroe!
"Tanto tienes, tanto vales"...
Eso no vale, John Doe,
eso son marrullerías.