miércoles, 31 de marzo de 2010

Francoise Battiste Poquelineau - alias Francisco Arriagada

LA NIÑA DE LA CASA CON JARDÍNCompartir
Hoy a las 23:06

Te escucho en el jardín de mi casa
frotando en los rincones de mis oídos
tus sonrisas de sonoros colores
tus rosas blancas lentamente
amaneciendo aquí conmigo...
tus llamaradas en desorden
también las escucho
y desfallezco de ternura
un poco más...
¡y yo me quedo sin respirar!
¡sólo oyendo lo que me quieres transmitir!
y es, escucho atento, una música
de cláridos clarinetes
consumando un amor
extrañamente medieval y difícil
de interpretar por los sentidos
de un ser humano
pues está hecho de increíbles
dimensiones salpicadas
de explosivas redenciones...

y escucho, niña
que llamas a antiguos primos
que ya no existen o no pueden
llegar a existir
que ya no aparecen
en las sobrias fotografías familiares
- y llenas los espacios conocidos
de la casa
donde quedamos yo y mis abuelos
con tus guirnaldas sutiles suaves su
mergidas en frangancias sin esas estrindencias
modernas a que estoy acostumbrado
por mis amigos y compañeros
de aventuras
- y manifiestas tus deseos
de ver a antiguas novias
que ocuparon tus tardes exquisitas
de ocio de distracción de sentimientos
frente a tus álbumes
de lánguidos
tesoros
de adolescencia

no desaparezcas, niña
que no sabes cuánto bien me hacen
tus canciones tus murmullos
de dulce entusiasmo
recorrer la casa tan grisácea
y no sabes cuánto bien me hace
tu sencillez
tu aparición
tu música encantada .






ESPEJO TAN OPACOCompartir
Hoy a las 16:54
Ausencias urgentes
me llaman a hacer uso de mis lámparas bajas
y explorar mis opacos espejos
que ya no reflejan
la luz de nada vivo...
ni siquiera de lo que pasó inadvertido
imperceptible casi
en el pasado cercano
y no tan cercano
de nuestros actos mortales...
y allí pude ver que yacían
las imágenes felices
manchadas de un polvo duro sin cicatrizar
y comprendí entonces que la Felicidad
esa señora tan satisfecha de sí misma
no es algo que sea perdurable
en nuestro submundo... pero
la razón enfermiza nos quiere convencer
de todo lo contrario:
que es algo recuperable
en nosotros... y yo aquí estoy
tratando de ver aquellas imágenes felices
de cuando nos tomábamos de la mano
por avenidas de un verde radiante
o de cuando
te iba a ver al trabajo
con mis cuadernos llenos
de poemas recién hechos...
y no sé, creo
que es ya imposible verlas
sobre ese espejo tan maltratado
que antes reflejaba
todo un país de armonía
y luz primera .