domingo, 1 de agosto de 2010

Ángelus - Mario Benedetti -

Quién me iba a decir que el destino era esto.
Ver la lluvia a través de letras invertidas,
un paredón con manchas que parecen prohombres,
el techo de los omnibus brillantes como peces
y esa melancolía que impregna las bocinas.

Aquí no hay cielo, aquí no hay horizonte.
Hay una mesa grande
para todos los brazos y una silla
que gira cuando quiero escaparme.

Otro día se acaba y el destino era esto.
Es raro que uno tenga tiempo de verse triste:
siempre suena una orden, un teléfono, un timbre,
y, claro, está prohibido llorar sobre los libros
porque no queda bien que la tinta se corra.