viernes, 6 de agosto de 2010

Juan Manuel Roca

iernes 6 de agosto de 2010
un viernes de fuego / Poesía de Juan Manuel Roca
Monólogo de José Asunción Silva

A Ricardo Cano Gaviria


La ciudad que me rodea

Y se duplica en los charcos de la lluvia

Tiene un ropaje de sombras.

El viento que viene del páramo de Cruz Verde

Con su negro levitón nocturno

Rasguña los vitrales de la casa,

Se cuela en los campanarios,

Golpea

Los aldabones de bronce de La Candelaria.

Ese viento, mi alma es ese viento.

Entre cercanos silencios

Resuenan las guerras del país

Mientras tintinea el quinqué

Con el que alumbro mis confusos libros

De comercio.

Ese viento, mi alma es ese viento.

Los corrillos de seres embozados

Murmuran a mi paso. Figuras fijas al paisaje,

Estatuas de nieve a la entrada de una iglesia,

Maniquíes

Apenas movidos por el frío cuchillo del

Páramo.

Ese viento, mi alma es ese viento.

¿Quién dibuja en mi blusa el mapa del corazón?

¿Quién traza un centro a la ruta de mi fiebre?

La hermana muerta atraviesa el patio:

Su voz ya pertenece

A las construcciones secretas del vacío.

Ese viento, mi alma es ese viento.

La aldea despereza su piel de adormidera,

Filtra una luz en los costados de la plaza

A una hora en que la ciudad parece viva.

Hablo de su lentitud, de su pasmosa fijeza:

Mientras concluye el gesto de un hombre

Que lleva de la mesa a la boca su pocillo,

Cruza la eternidad, el mundo cambia de

Estaciones,

Pasan las guerras, hay futuros en fuga

Y el hombre no termina el ademán

Que funde sus labios a la taza de café.

Todos parecen tocados del embrujo,

Acaso miren en su quietud

El pajaro invisible

Que les señala un oculto retratista.

Y de nuevo, el viento.

Ese viento, mi alma es ese viento.

Un disparo más, dirá el vecindario,

Un disparo más en las eternas guerras

Del olvido.

La vida, esa feroz bancarrota.