viernes, 12 de noviembre de 2010

Yolanda Gelices Nieto

Yolanda Gelices Nieto


VESTIDO ROJO
Esta mañana de sol el amor se desliza por el agua,
se desliza por el aire como una intensa sonrisa.
Aquel hombre ni se imagina
que esta noche
seré sumisa boca,
caderas poderosas,
ardiente piel inconsciente,
bajo el vestido rojo
que ahora castamente me recubre.
Y seré otra mujer,
otra mujer sin el más mínimo pudor,
revestida de rojo por dentro,
indefinidamente fascinada en la búsqueda,
en la hondura,
de ese espacio irisado
que es delicia y paraíso.


VIBRA LA VIDA
Todo es intensidad
en el destello sereno y generoso
de esta mañana
en la que acaricio
el aroma entregado de tus labios,
como un bálsamo violeta,
floreciendo en el reino de mis ojos.
Es el brillo de la alegría,
el crujido del sol en la mirada,
lo que espero en esta hora,
lo que alienta mi voz dormida,
mi boca,
que incesantemente mastica y desmenuza
la vida
hasta besar
sus metáforas cuajadas de belleza.
La mañana se ensancha,
se entrega sin medida,
dejando a su paso
el júbilo fecundo
de saber que nosotros
sí hemos vivido.


TRAJES PRESTADOS

¿Quién eres tú?
¿Qué locura habita bajo los párpados que te arropan?
¿Qué rostro de vidrio se esconde en la penumbra?
¿Quién rompe cada noche el espejo de sus deseos
para conciliar el sueño?
¿Qué mano extraña suspira
recogiendo del agua mariposas muertas?
Si incluso la luz que te envuelve
no es más que un traje prestado.
¿Por qué continuar con tanto enigma?
Si eres sólo aire y polvo.
Como yo.


SIN DICCIONARIOS

La mano temblorosa de dedos heridos
inventa un adjetivo
que se graba, fugaz,
en el folio en blanco de mi cuerpo.
Tatuada
con verbos y adverbios misteriosos,
aquí sigo,
polvo y sal,
entre la luz milagrosa
de un eclipse inmóvil.
Entre intrincados laberintos
construidos de palabras aún no usadas,
entre garabatos de rumores de vidrio,
logro huir de mí por un momento
para entrar serenamente
en el calor ambiguo y luminoso
de unos versos
que todavía no conozco.


SI DIGO ABRIL

Mientras tú bebes tu triste letanía de lamentos,
yo digo risa y mi nube se disipa,
digo esperanza y me crecen ramas
de los blancos árboles serenos
que iluminan una frente cada vez más liviana.
Mientras tú guardas inútilmente tu coraza,
yo digo poesía
y las palabras se descalzan,
traen pájaros tibios a casa,
desnudan mis venas,
y la sangre transparente en mis orillas canta.
Mientras tú dejas
que las zarzas tiemblen en tu pecho,
yo me abandono a la caricia intensa
de mis tres corazones,
limpios de maleza,
inundados en el calor
de los paisajes más puros.
Perdóname si alguna vez
digo felicidad
mientras tú lloras.


RETÓRICA DEL SILENCIO


Encierro un jardín en la mirada
comparable
a mil, a cien mil conversaciones.
Porque ninguna palabra alumbra más
que el silencio.
Ninguna palabra puede ser agua,
agua que corre y fluye sin detenerse,
capaz de desenredar
lo más enrevesado de un enredo.
Mis ojos,
puente cimbreante entre la realidad y el sueño.
Tus ojos,
que en un instante fugaz
pueden ser beso.