miércoles, 30 de marzo de 2011

ETA

Quién les iba a decir a los amanuenses de ETA que escribirían el bestseller de moda. Sus actas, reprografiadas por Pedro Jota a todo trapo, inspiran a lo más granado del kiosco. “Esto, señores, no es el protocolo de una colaboración, no. Esto es más. Es comunión de intereses”, brama desde ABC Hermann Terstch. Se repetía, porque una docena de líneas antes había escrito: “Los etarras son unos socios para un proyecto conjunto, a llevar a cabo con discreción y malicia, no vayan a saber los españoles lo que estamos cocinando”.

Dos corcheas más arriba, el opinatero de Libertad Digital Guillermo Dupuy titula su composición “Un gobierno de delincuentes y una tibia oposición”. Su comadre de teclas afiladas y titular de un carné del PP, Regina Otaola, ve la apuesta y la sube hasta “Dimisión ya… y después, cárcel”. Para no desmerecer el encabezado, culmina su descarga tal que así: “Si el ministro del Interior quiere cantar, que cante tras los barrotes pero que no sigan tomándonos por el pito del sereno a los españoles”.

Actas verificadas… informalmente


¿Y ya son fiables esos papeles timbrados con hacha y serpiente? El editorialista de Cope los autentifica ex-divinis: “Desgraciadamente el relato contenido en esa acta parece muy coherente con otros indicios”. Como eso suena un tanto pobre, El Mundo, que ha ejercido de editor del novelón, acude a la doctrina de la eminencia en etarrología Mayor Oreja: “El hecho de que ETA haya asesinado a cientos de personas no significa que no diga la verdad en un documento elaborado para información interna”. Ahí faltaba añadir “cuando nos conviene, claro”.

Dispuesto a echar una mano a su patrón, Luis María Anson aporta su experiencia y su memoria: “Dos periódicos vascos publicaron algunas de esas actas en medio de una escandalera general. Yo reclamé desde estas columnas que se hicieran públicas todas las actas y el Gobierno se precipitó a echar tierra sobre el asunto”. Pasen por alto el ramalazo ególatra. La clave está al principio: esta burra que ahora se vende con tanto alboroto es bastante vieja.

Tal vez se pregunten qué opina Carlos Dávila de todo esto. De momento, nada. El director de La Gaceta está muy ocupado con una de sus obsesiones de cabecera, un vampiro: “Suelen decir los socialistas que un lametón de Bono deja a cualquiera la espalda como un Ecce Homo, dicho con todos los respetos hacia el homo, naturalmente”.