sábado, 28 de enero de 2012

Un manual para vivir con la derrota

"Un manual para vivir con la derrota"

Leonard Cohen levanta con 'Old ideas' un monumento al 'blues' más exquisito

"Uno de los grandes privilegios de mi vida fue oír a Morente traducir mis canciones"

 
 

Leonard Cohen, en su comparecencia ante la prensa en París de esta semana. / JOEL SAGET (AFP PHOTO)

La compañía discográfica en pleno y una docena de periodistas esperan al maestro canadiense en la sala dorada de un hotel de lujo de París para escuchar con él su último disco, Old ideas. En una pantalla de plasma se ve la portada, una foto suya sentado en el jardín de su casa, vestido como los Blues Brothers. Cuando Leonard Cohen traspasa el umbral, suena una ovación. El músico, de 77 años, va tocado con su sombrero, de ala más corta que su nariz. Se lo quita y se inclina para saludar. Debe de pesar 55 kilos. Con su vozarrón grave, dice: "Gracias por venir, algunos desde tan lejos. No voy a miraros mientras escucháis para no controlar vuestras caras de aprobación o rechazo. Luego hablamos". Se sienta y cierra los ojos. Pasará así los siguientes 40 minutos, sin mover ni un centímetro del largo cuello. El disco, mejor decirlo ya, es un monumento dividido en diez tomas que probablemente entrará en la historia del blues más exquisito.
La primera canción dice Leonard, lazy bastard (vago cabrón), Cohen recita, casi susurra, muy despacio y a caballo de un coro casi gospel femenino y de un piano que transporta a un viejo club de blues. El texto es fabuloso. Habla de amor, tragos, dolor, depresión, sacrificios, regresos a casa, recuperación: "Un manual para vivir con la derrota", dice. Ironía, sarcasmo, flagelación. Y vida recobrada.
Sé muy bien que la edad tiene mucho que ver con mi actual libertad
El segundo tema tiene cierto aire de corrido y country. Más canción que recitado. Sobre melancólicos violines mexicanos, y hay un solo de trompeta final escalofriante, el tempo y el quejido remiten a la hondura de Tom Waits y Rancapino. "Tell me what you want me then, hey man". "¡Dímelo otra vez cuando los restos del carnicero se hayan limpiado en la sangre de la tierra!". La emoción dura siete minutos, y de ella se pasa a estos escalofriantes versos: "Enséñame el lugar al que quieres que vaya tu esclavo, enséñame el sitio donde empezó el sufrimiento". Entre efluvios dylanescos (de Bob Dylan y de Dylan Thomas), Cohen afirma en otra de las canciones: "No tengo futuro, el pasado durará pero la maldita oscuridad también".
Hay banjos, baterías de aire jazzy, platillos, recitados eróticos, guitarras españolas y ternura de cazalla y de coñac. El órgano Hammond preside la despedida. "Tú quieres cambiar la forma en que hacemos el amor, yo prefiero dejarlo como está". Es el tema loco del disco, Cohen parece a punto de arrancarse a una marcha desenfrenada, pero al final se contiene, como siempre.
Acaba la escucha de las diez sublimes piezas y suena otra ovación. Más fuerte que la primera, da paso a las preguntas. Un periodista de Radio France charla con el genio, y Cohen dice que él es su "juez más severo", pero que está "contento de que nadie se haya ido en mitad de la audición". Como Woody Allen, cuenta que se siente espléndidamente en Francia y en Europa: "Aquí la tradición de mi música se entiende desde hace generaciones, no tengo nada que explicar. Con el público de Estados Unidos tengo una sensación menos familiar que en Europa".
Estoy agradecido a mis maestros por sufrir depresión solo en pequeñas dosis
La siguiente, inevitable, es sobre el retiro, sobre su afición semirreligiosa a vivir alejado del mundo, en un monasterio rodeado de hielo. Su representante contará luego que el viaje a Europa ha estado a punto de cancelarse porque Cohen salió a subir montañas heladas y se cayó, por suerte, sin romperse nada. El hombre cree que que Cohen saldrá de gira este año. Pero, ¿podrá aguantarla?, le pregunto. "Tenemos miedo por la banda no por él. Es un toro".
"Me gusta poco lidiar con las urgencias de la vida real", dice él. "Sé muy bien que la edad tiene mucho que ver con mi actual libertad, y también sé que a medida que te haces viejo se van muriendo las neuronas de la ansiedad. Mi retiro, y mi maestro, no tienen nada que ver con la religión, sino con el estado de la naturaleza de las cosas, con la relación que mantienen los objetos y los sujetos. No hay dogma, ni rezos, se basa en análisis personales. Es más bien científico. Quizá el bienestar depende de la disciplina. Aunque creo que depende más del estado de las neuronas de la ansiedad".
¿Y a su edad, todavía aprende cosas? "Uno nunca se libera de su propia estupidez", responde con un deje de sátira. "Nuestra incompetencia siempre nos da nuevas oportunidades para humillarnos, y esa realidad nunca es mala para el intenso y doloroso proceso de autocrítica".
Surge el tabú: la depresión. Cohen lo lidia con arte: "Es una cosa seria, no es lo mismo que tener una mala cita con una chica. Mi pasado ha estado marcado por una depresión clínica muy larga. No alcanzas el placer, todas tus estrategias se derrumban. Ahora estoy muy agradecido a mis maestros y a la suerte por tener solo una depresión en pequeñas dosis. Parece que aquella ya no vuelve con la ferocidad que marcó gran parte de mi vida. Aparentemente, se fue. Espero que no vuelva más".
Luego, una periodista israelí pregunta por su reciente concierto benéfico y por la paz, en el que hubo 55.000 personas. Cohen, poco militante, aclara que lo hizo para explicar que la música es "una de las pocas cosas que permite comunicarse entre palestinos e israelíes, y aunque no hay esperanza de llegar a una solución está bien hacer algo así de vez en cuando". Sobre el título del disco, confiesa no tener mucha idea de dónde viene, aunque apunta: "Había un par de temas viejos y todavía hay muchas cosas inacabadas en el cajón que seguramente haremos en un disco que saldrá más o menos dentro de un año. Sin la música se vive bien, pero he llegado a la conclusión, a regañadientes, de que voy a morir. Y esto a veces produce pensamientos. Espero que no sean demasiado morbosos".
¿Qué hará en la próxima vida? "No entiendo bien el proceso de reencarnación pero no me gustaría convertirme en el perro de mi hija".
Llega el turno del sur y le preguntan por su amor a las músicas de raíz, el flamenco, el fado, el blues, y por este Old ideas que suena más hondo y alegre que casi todos los anteriores. "El blues, el fado, el flamenco, el country, la música popular griega, esas músicas son las que más me han gustado siempre y a las que siempre vuelvo en busca de la estabilidad emocional. Uno de los primeros discos que compré era de Amália Rodrigues. No podía permitirme comprar muchos, y lo escuché una y otra vez, me emocionó. Adoro el flamenco, y cuando nadie me ve me atrevo a tocar un poco con la guitarra. Uno de los grandes privilegios de mi vida fue oír a Enrique Morente traduciendo mis canciones al lenguaje del flamenco en Omega".
"Morente fue el mejor cantaor de su generación", prosigue, didáctico. "Adaptó todas las influencias musicales al flamenco sin sacrificar su significado ni su pasión originales. Debo decir también que el cante que me dedicó Duquende en Asturias me emocionó hasta la médula. El flamenco me sigue emocionando".
De modo que Old ideas es un manual para vivir con la derrota. "Las canciones operan en distintos niveles. Sirven para el corazón y las derrotas, aunque a veces también es útil lavar los platos. Para curar el dolor y dar vigor, la música es lo mejor. Y para el sufrimiento y el amor. No creí estar en ese estado cuando escribí estas canciones, pensé que estaba de buen humor. Pero es verdad que la cualidad de la tristeza está en todas las canciones que nos gustan si las cantamos despacio. Incluso el Jingle bells o el cumpleaños feliz de Marilyn pueden ser tristes y eróticas a la vez. La música es como el tofu: se impregna del material que tiene cerca. Y su impulso erótico cura la depresión y la soledad. Todas las canciones buenas hacen eso. Pero déjenme decirles que para verme hoy como un seductor de damas necesito una gran cantidad de sentido del humor".

Las 'viejas ideas' de Cohen en la nueva adaptación de Sabina

Joaquín Sabina ha realizado una adaptación abierta de los textos de Leonard Cohen con motivo de la publicación del nuevo disco del canadiense, Old ideas. Show me the place (Dime un lugar) es la primera canción que se pudo escuchar del álbum. Lo que sigue es la traducción que el autor de 19 días y 500 noches ha hecho de la letra que adorna uno de los mejores temas del trabajo de Cohen, el primero en siete años. Show me the place es un bluescalmado y elegante.
Dime un lugar
donde quieres que vaya tu esclavo,
dime un lugar
puede ser que se me haya olvidado,
dime un lugar
he perdido mi cresta de gallo,
dime un lugar
donde quieres que vaya tu esclavo
Vino un alud
de problemas, salvé como pude un hilo de luz,
una ola, un rabo de nube
entre cadenas,
me apuré por quererte al dictado,
entre cadenas
te adoré como adora un esclavo




Todo cuanto sé de mí: salmimar.blogspot.com
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e dan un 9 sobre 10. No está mal:
Crítica: Leonard Cohen, 'Old ideas'
 
Lanzamiento: 31-01-2012
Género: Rock, blues
País: Canadá
Discografía: Columbia
 

Crítica: Leonard Cohen, 'Old ideas', Columbia

 

LA VISIÓN A LARGO PLAZO DEL SEXO, EL AMOR Y DIOS POR UN MAESTRO DE 77 AÑOS. POR JOE LEVY

Cada canción del primer disco de material nuevo que Leonard Cohen publica en ocho años tiene lugar a altas horas de la madrugada. Los tempos avanzan lentamente como si de auténticas serpientes se tratasen y el sonido está lleno de caricias, variaciones sobre las elegantes pero turbias melodías de cabaret que Cohen una vez llamó el blues europeo. Las voces y la música se extienden en un suspiro, y cada pieza espera, trémula, el amanecer, sin ninguna garantía de que, esta vez, la oscuridad no vaya a ser permanente.
Las primeras palabras del disco pertenecen al propio Dios, que quiere tener una charla con Leonard Cohen, ese “perezoso bastardo que vive en un traje”. Parece que Cohen ha estado muy ocupado intentando escribir sus canciones de amor y sus manuales para convivir con la derrota en lugar de hacer llegar el mensaje de Dios, que es todo para lo que este hombre de 77 años ha sido puesto aquí, y que dice así: es hora de ir a casa, un viaje que haces desnudo y sin cargas ni responsabilidades hacia un lugar mejor que este.
¡Y eso es todo, amigos! Tres minutos y 50 segundos, titulados Going home, resumen la historia que Cohen ha estado contando desde que dejase la poesía por la música en 1967 (con 33 años, después de once siendo el poeta más famoso de Canadá, pensó que el dinero sería mejor). Cuando Cohen llama a este disco Old ideas no sólo quiere decir que son los pensamientos de un septuagenario, sino que él ha estado dándoles vueltas a las mismas cartas durante mucho tiempo: sexo, amor, Dios, y la forma en la que los tres pueden ser barajados para calmar el dolor de la existencia. Un judío que desapareció subiendo a la cima de una montaña para reflexionar sobre las enseñanzas budistas, Cohen ha buscado el éxtasis en cualquier sitio y en todos los sitios donde pudiera encontrarlo –en las oraciones, en el LSD, en los muslos de una mujer– y ha tratado de unir lo espiritual y lo físico desde que provocó las primeras sensaciones con una canción sobre una chica llamada Suzanne, que tocaba tu perfecto cuerpo con su mente.
Dylan soñó que vió a San Agustín. Cohen ha caminado por la tierra intentando ser San Agustín. Nunca ha pretendido que sus confesiones fueran algo que se saliese de lo personal –ahí estaba, en verdad, Suzanne, como en realidad también hubo una Marianne–. Pero con el paso del tiempo, Cohen se ha despojado del ornamento de su lenguaje para convertirlo de personal a universal. Las letras en Old ideas alcanzan el descarnado y austero poder de las oraciones, los himnos y los enigmas religiosos. La música es igual de básica: un teclado o una guitarra que rompe la quietud, una batería que intenta simular el sonido de una caja de ritmos Casio, un coro femenino que ofrece consuelo al débil, un instrumento de cuerda que da la bendición final.
Los títulos de las canciones cuentan la historia: Going home (Yendo a casa), AmenDarkness (Oscuridad), Crazy to love you (Loco por amarte), Come healing (Que llegue la cura). Con su voz profunda de bajo quebrada tanto por la fragilidad como por la sabiduría de los años, Cohen no para de hablar de las fuerzas del amor y del perdón enfrentadas a las del odio y la oscuridad. Está escrito cuáles serán las que venzan. Pero el significado de todo esto está todavía abierto, disponible para quien quiera intentarlo. En un álbum prácticamente vaciado de imágenes sobresale el momento en el que, hacia el final, Cohen describe la visión de “un banjo roto meciéndose en el oscuro, infestado mar”. Ha sido arrastrado allí por las olas, quizá arrancado del hombro de alguien, quizá de la tumba de alguien. Sonidos de trompas de Nueva Orleans crecen en la distancia, ni lastimeros ni celebrantes. Simplemente están. Como para decir: vida o muerte. Depende de ti. La música continúa.